Barcelona tiene esa capacidad de absorberlo todo: ruido, ritmo, capas, historias.
Y a veces, entre tanto movimiento, aparece un lugar que decide bajar el volumen.
PIA es uno de ellos.
Esta reforma integral nace de un proceso largo y compartido. De visitas que activan la imaginación, de ideas prescritas y otras que aparecen al volver al espacio, medirlo, recorrerlo otra vez y confirmar que aquello que se intuyó al principio tenía sentido.
Para Somos Nido, PIA es el resultado de ese tiempo y de una suma de decisiones bien pensadas, siempre acompañadas por el criterio y el buen gusto de sus propietarios.


En el salón, el antes ya marcaba una dirección clara. La distribución existente era la que más sentido tenía con la luz natural, así que en la reforma decidimos mantenerla y trabajar desde ahí.
El después se centra en despejar y dar protagonismo a lo esencial. Liberamos por completo la pared situada sobre la cómoda para permitir la instalación del proyector, un requisito indispensable desde el inicio. El espacio resulta más amplio, la luz circula mejor y el salón gana serenidad.


Abrir la cocina: luz como premisa de la reforma.
En el estado previo, la cocina permanecía cerrada al salón-comedor. Aunque no lo parezca en las fotografías, las zonas interiores de la vivienda recibían poca luz natural.
Por eso, una de las premisas fundamentales de esta reforma fue abrir la cocina al espacio común. El antes y después es claro: al eliminar barreras, la luz se reparte, las estancias se conectan y la casa funciona como un todo más fluido y luminoso.


Un hilo conductor: color rojo y carpintería.
La reforma transforma la vivienda en un oasis urbano. Un espacio sereno y equilibrado donde cada estancia se entiende como parte de un conjunto mayor.
A lo largo de toda la casa, el color rojo actúa como hilo conductor. Aparece de forma puntual y precisa, conectando espacios y materiales, aportando identidad y ritmo sin imponerse.
Las transiciones entre materiales se trabajan con especial atención. Nada aparece de forma aislada. El proyecto se construye desde el detalle: desde el diseño específico de las baldosas de la cocina hasta la carpintería a medida que recorre la vivienda. Los armarios se conciben como piezas únicas, con soluciones integradas que convierten los tiradores del recibidor en vacíos geométricos que forman parte del propio mueble.


Antes y después del recibidor: funcionalidad para la vida real.
El recibidor original tenía su encanto, pero no respondía a las necesidades del día a día de una familia.
En el después, la reforma introduce un banco-zapatero a medida con almacenamiento inferior mediante cajones, pensado para ordenar y facilitar la rutina diaria. Frente a él, dos armarios también diseñados a medida completan el conjunto, transformando el acceso a la vivienda en un espacio práctico, ordenado y coherente con el resto de la casa.


Zona de noche: afinamos los detalles.
En la zona de noche, el trabajo se afina todavía más. Mesitas de obra revestidas en cerámica, baños que incorporan el color como parte del espacio y una suite que se abre a un vestidor completamente revestido en madera.


Este vestidor integra un escritorio y convierte el recorrido en una experiencia en sí misma. La entrada de luz natural se prioriza y se cuida al máximo, incluso en zonas tradicionalmente más cerradas, mediante el uso de bloques de vidrio que aportan luminosidad al baño principal sin comprometer la intimidad.


Espacios familiares pensados para crecer.
Los espacios compartidos los resolvimos con la misma atención. En la cocina, el comedor se adapta para acoger a cinco personas mediante una solución semicircular en diagonal que gana capacidad de almacenaje y mejora la fluidez del espacio.
En la habitación infantil, el rojo reaparece en el encuentro entre pintura y papel pintado. La transición se resuelve con un borde de pequeñas esferas que protege la pared y acompaña el uso cotidiano del espacio, integrando diseño y funcionalidad.


Mobiliario: piezas con historia y sentido.
El mobiliario combina piezas diseñadas expresamente para el proyecto con elementos vintage restaurados. En el salón, una pieza azul Klein de USM actúa como punto de anclaje visual y convive con los acentos rojos que recorren la vivienda, reforzando el equilibrio cromático del conjunto.
Los sofás se diseñan y tapizan a medida, pensados para ajustarse tanto al uso familiar como a la arquitectura que los rodea.

Una reforma para vivir despacio.
Con PIA hemos rizado el rizo.
Un ejercicio de equilibrio entre sensibilidad y criterio.
Una reforma pensada para vivir con calma y en familia, donde el diseño existe, pero no se hace notar, y cada gesto responde a una intención clara.
Un refugio en Barcelona. Algo que nunca es fácil de conseguir.
T.


